La duda es habitual entre quienes montan un sistema de sonido: ¿importa la ubicación del subwoofer para percibir de dónde procede el bajo? La historia habitual remite a los estándares THX de salas de cine de comienzos de los años 80, que fijaron un cruce de frecuencias en torno a 80 Hz. Esa cifra se arraigó como práctica de separar los altavoces principales del subwoofer para reducir la fuga de señales direccionales hacia los graves. Sin embargo, cuando se examinan los ensayos psicoacústicos y las condiciones reales de la sala, la respuesta es -que por debajo de un cierto umbral no podemos saber la dirección-.
En resumen: Para frecuencias por debajo de 80 Hz la localización del bajo es difícilmente perceptible. La mejor ubicación para tu subwoofer depende de la acústica de tu sala: colócalo frente a los altavoces principales fuera de las esquinas o utiliza el método del subwoofer crawl (colocándolo en el sofá y buscando en el suelo el punto con mejor respuesta).
Los trabajos experimentales con tonos puros en condiciones controladas (incluyendo salas anecoicas) muestran que los oyentes son capaces de discriminar la dirección de señales monofrecuencia hasta alrededor de 60-70 Hz con resoluciones angulares del orden de 10°.
Por debajo de esa banda, la localización basada en un tono sostenido se vuelve errática; a 40-50 Hz, las decisiones de lateralidad tienden al azar aun cuando las fuentes estén claramente separadas en el espacio. No obstante, cuando la señal contiene un poco más de ancho de banda -ruido de baja frecuencia en tercio de octava, o eventos con transitorios y armónicos- el cerebro dispone de más pistas: la percepción de lateralidad puede persistir mucho más abajo, hasta cerca de 30 Hz en condiciones favorables.
Dónde poner el subwoofer: la mejor posición en un salón normal
Si buscas un punto de partida que funcione sin medir nada, es este: el subwoofer en la pared frontal, en el mismo plano que los altavoces principales o algo desplazado hacia el centro, apoyado en el suelo y separado unos veinte o treinta centímetros de la pared. En la mayoría de salones domésticos esa posición da un grave equilibrado, sin el refuerzo artificial de la esquina ni la pérdida de nivel de quedarse en mitad de la sala.
El orden de preferencia, cuando el salón permite elegir, suele ser este. Primero, la pared frontal desplazado hacia un lado, evitando el centro exacto: el centro geométrico de la pared coincide con el punto donde el modo transversal de la sala tiene su máximo, y ahí el subwoofer lo excita con toda su energía. Segundo, la pared lateral aproximadamente a un tercio del largo de la sala, que es una de las posiciones que mejor reparte la presión entre asientos. Tercero, detrás de la posición de escucha, que funciona mejor de lo que dice la creencia popular y explicamos más abajo. Y en último lugar, la esquina, que es la que más nivel da y la que peor lo reparte.
Hay dos condiciones que no dependen de la sala y conviene respetar siempre. La primera es el puerto: si tu subwoofer tiene la abertura en la parte trasera, la distancia mínima a la pared la marca ese puerto y no la estética del salón. Deja al menos dos veces su diámetro, que con un puerto de diez centímetros significa veinte centímetros libres como mínimo. Por debajo de esa distancia el aire sale a demasiada velocidad y genera un soplido que se confunde con distorsión del altavoz. La segunda es el suelo: el subwoofer aprovecha el refuerzo del plierde sin ganar nada a cambio.
Conviene entender por qué la esquina resulta tana idea. Al cargar el altavoz contra tres superficies a la vez, puede sumar entre seis y nueve decibelios de refuerzo, lo que resuelve de golpe la sensación de que al equipo le falta cuerpo. El problema es que ese refuerzo no es plodos los modos propios de la sala, y el resultadoes que unas notas retumban, otras desaparecen y la diferencia entre un asiento y el de al lado se vuelve enorme. Ganas cantidad y pierdes control.
A partir de aquí ya no hay reglas generales que tima depende de las dimensiones de tu sala, de dónde te sientas y de qué haya en medio. Lo que viene a continuación explica qué ocurre físicamente con el grave dentro de una habitación cerrada, por qué el oído se comporta e los 80 Hz, y cómo encontrar tu mejor posición sinir probando a ciegas.
¿Qué mecanismos utiliza el oído para saber de dónde viene el bajo?
A bajas frecuencias, donde la cabeza apenas atenúa el sonido, las diferencias de nivel entre oídos (ILD) pierden eficacia como señal direccional. En su lugar, el sistema auditivo se apoya en diferencias de tiempo interaural (ITD), que se extraen de la estructura temporal fina de la señal -las oscilaciones ciclo a ciclo dentro de la banda auditiva- y, en señales con ancho de banda, de la envolvente.
La sensibilidad a esas ITD de estructura fina es sorprendentemente buena en el rango de unos pocos cientos de hercios; las diferencias justas perceptibles (JND) pueden corresponder a decenas de microsegundos. Aún así, ese mecanismo se degrada por encima de aproximadamente 1-1,5 kHz, cuando la fase deja de seguirse con precisión, y también se ve comprometido por la reverberación y los modos propios de la sala.
En una sala o habitación real, las ondas estacionarias y los picos y valles de respuesta afectan las señales binaurales que llegan a los oídos, y por tanto reducen la fiabilidad de la localización de los graves incluso en rangos donde, en ausencia de sala, la detección sería posible. Por eso, la colocación del subwoofer no es solo una cuestión de direccionalidad: incide en la respuesta en frecuencia, los nulos y los picos locales, y en cómo el oyente percibe la mezcla global.
¿Dónde colocar el subwoofer? Guía y consejos prácticos
Desde el punto de vista del diseño, la cifra de 80 Hz adoptada por muchos equipos no constituye un absoluto límite psicoacústico, sino una solución de compromiso de ingeniería para reducir la presencia direccional de graves procedentes del subwoofer y minimizar la interacción con la sala.
Si la intención es que la energía de bajas frecuencias proveniente del subwoofer se integre de manera homogénea con los altavoces principales, fijar el cruce alrededor de 80 Hz suele ser efectivo. Pero, en reproducción musical -cuyos contenidos ofrecen transitorios, armonías y ancho de banda- la localización puede mantenerse más abajo, por lo que la elección del punto de cruce, la colocación física y el tratamiento acústico deben evaluarse conjuntamente.
Para audiófilos y técnicos, esto significa que la naturaleza de la música, el tamaño y la geometría de la sala, y el objetivo de escucha (precisión espacial frente a nivel uniforme) determinan las decisiones. En salas con modos dominantes a frecuencias bajas, un subwoofer mal situado puede complicar la percepción de lateralidad y embrollar la mezcla; por otro lado, una suma de subwoofers bien calibrada suele reducir los nulos y distribuir mejor la energía.
Con todo ello, la mejor ubicación del subwoofer depende más de la sala y del tipo de señal.
Es preferible empezar colocándolo frente a los altavoces principales, evitando en lo posible encajarlo directamente en la esquina porque aunque allí gana nivel también suele acentuar modos y producir graves embarrados; moverlo un poco hacia el centro de la pared frontal suele ofrecer una respuesta más equilibrada.
Si se dispone de dos o más subwoofers, es mejor distribuirlos para promediar los modos y reducir nulos; con un único subwoofer, aplica el método del gateo del subwoofer (subwoofer crawl): coloca temporalmente el subwoofer en tu punto de escucha (en el sofá o sillón habitual), reproduce un barrido grave y recorre la sala hasta encontrar el sitio donde la respuesta sea más uniforme, luego sitúa el sub en la posición simétrica más cercana.
Ajustar la fase y el cruce (60-80 Hz como punto de partida) para que la llegada temporal del sub coincida con la de los altavoces, y emplear mediciones y ecualización para suavizar picos y valles en la posición de escucha; así se minimiza cancelaciones locales y conseguirás una imagen de bajos más coherente y estable.
El método del subwoofer crawl, paso a paso
Si quieres saber cómo encontrar el mejor sitio para el subwoofer sin ir adivinando, hay un método que los instaladores llevan usando décadas y que se llama subwoofer crawl: coloca el subwoofer en tu butaca, a la altura de la oreja, pon música con graves sostenidos y recorre a gatas el perímetro de la sala. Donde mejor suene el grave, ahí es donde debe ir el subwoofer. La lógica es sencilla: el sonido grave se comporta igual en los dos sentidos, así que el punto donde tú lo oyes bien es el punto donde el altavoz sonará bien.
La parte tediosa es comparar posiciones de memoria, porque entre que te levantas y llegas al siguiente rincón ya no te acuerdas de cómo sonaba el anterior. Para eso hemos hecho la herramienta de colocación de subwoofer: el ordenador emite los tonos graves y el móvil va midiendo el nivel en cada punto, así que al terminar tienes un ranking con números en vez de una impresión.
Esas mediciones cuadran mejor si sabes qué esperar, pudiendo calcular los modos propios de tu sala, que son los que explican por qué el grave se acumula en unos puntos y desaparece en otros.
Las dudas más frecuentes sobre dónde ponerlo
¿Puedo poner el subwoofer detrás del sofá?
Sí, y en algunas salas es incluso la mejor posición, aunque la recomendación habitual diga lo contrario. La objeción clásica es que localizarías el grave, pero por debajo de 80 Hz eso ya no ocurre con contenido musical normal, así que el problema es que si está pegado a la pared trasera y con tu cabeza a medio metro, estás sentado justo donde se acumula la presión, y el grave se vuelve pesado y desigual.
La condición para que funcione es dejar entre 25 y 35 centímetros entre el subwoofer y la pared, y no pegarlo al respaldo. Si además puedes separarlo lateralmente del eje central del sofá, mejor, ya que reduces la excitación del modo largo de la sala.
Lo que sí desaconseja esta posición es tener el cruce por encima de 100 Hz o usar contenido con mucho contrabajo melódico, porque ahí sí empezarías a oír de dónde viene.
¿Y ponerlo en una esquina?
Es la posición que más nivel da y la que peor lo reparte. Una esquina carga el subwoofer contra tres superficies a la vez y puede sumar entre 6 y 9 decibelios de refuerzo, lo que es tentador si el equipo se queda corto. El precio es que excita todos los modos de la sala al mismo tiempo: aparecen notas que retumban y otras que desaparecen, y la diferencia entre asientos se dispara.
Si no queda otro sitio, sepáralo al menos 15 o 20 centímetros de cada una de las dos paredes en lugar de encajarlo del todo, y baja su nivel dos o tres decibelios respecto a lo que marque la calibración automática. No arregla el problema, pero lo suaviza.
¿A qué distancia de la pared?
Entre 20 y 30 centímetros como norma general. Pegado a la pared se refuerza el grave más grave de forma artificial y se pierde definición; demasiado separado, en mitad de la sala, se pierde el refuerzo de límite y hace falta mucha más potencia para el mismo nivel.
Pero existe la excepción de que si el subwoofer tiene el puerto en la parte trasera, la distancia mínima la marca ese puerto, no la estética. Deja al menos dos veces el diámetro del puerto entre él y la pared. Con un puerto de 10 centímetros, eso son 20 centímetros mínimo. Si lo pegas más, el aire a alta velocidad genera un soplido audible que se confunde con distorsión.
¿En el suelo o elevado?
En el suelo sin dudarlo. El subwoofer aprovecha el refuerzo del plano del suelo, y elevarlo lo pierde sin ganar nada a cambio. Además, la mayoría de los modelos domésticos están diseñados y medidos apoyados en el suelo.
Si el tuyo dispara hacia abajo, con el altavoz mirando al suelo, entonces es obligatorio, ya que esa distancia entre cono y suelo forma parte del diseño y elevarlo lo descompensa por completo.
Otra cosa son las patas y los desacopladores. Sobre suelo de madera flotante o en un piso, unos separadores de goma o un desacoplador reducen la vibración que transmites a la estructura, y eso mejora la relación con los vecinos sin cambiar lo que tú oyes.
¿Puedo meterlo debajo de un mueble o del sofá?
Se puede, y a veces es la única opción que permite el salón, pero con dos condiciones. La primera es dejar aire: al menos tres o cuatro centímetros libres alrededor y por encima, y nunca tapar el puerto ni el cono. Un subwoofer encajado sin holgura convierte el hueco en una caja resonante que refuerza unas frecuencias y se come otras.
La segunda es que el mueble no vibre. Si al reproducir graves notas que zumba la madera o tintinea el cristal, el problema ya no es el subwoofer, sino todo lo que tiene alrededor, y eso se oye como distorsión aunque el altavoz esté perfecto.
Debajo del sofá funciona sorprendentemente bien en salas pequeñas, siempre que quede espacio para respirar y no lo notes vibrando bajo los pies.
Términos útiles para entender lo anterior
El término JND alude al cambio mínimo que un oyente puede percibir de modo fiable en una magnitud de sonido, ya sea nivel, frecuencia o tiempo; se usa para cuantificar umbrales de discriminación.
Las ILD son las diferencias de nivel entre ambos oídos causadas por la sombra acústica de la cabeza, más relevantes en agudos que en graves. La «sombra de la cabeza» describe esa reducción de nivel en el lado opuesto a la fuente: su efecto crece cuando la longitud de onda es pequeña frente al tamaño de la cabeza.
Finalmente, la «estructura fina temporal» se refiere a las oscilaciones rápidas de la señal dentro de un filtro auditivo; el sistema nervioso las emplea para extraer diferencias de fase y tiempo a bajas frecuencias.